3 razones por las que el feminismo y yo no nos entendemos
- Latidos 2
- Mar 10, 2022
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Después de este 8 de marzo y las marchas a nivel nacional, me nace la siguiente pregunta: ¿es el día de la mujer o el día del feminismo?

Conmemorando este pasado 8M y las manifestaciones que se hicieron, me vienen a la mente varías cosas. Antes quisiera decir que México sí vive un desequilibrio entre hombres y mujeres. Aun en la sociedad, se perciben como normales o comunes ciertas prácticas que devalúan a la mujer, su dignidad, su cuerpo, su esencia. Entre estas acciones contra la mujer, también están aquellas que la destruyen desde dentro, como: atentar contra la maternidad, negar su complementariedad con el hombre, cuestionar la feminidad, etc.
Hoy quiero intentar algo nuevo. Quiero alzar la voz de una mayoría silenciosa y de sus pensamientos. Hoy quiero contarte por qué no fui a las marchas (a pesar de que me encanta ‘gritar’ lo que pienso), y también cuestionar las razones de otras. Muchas mujeres se unieron, las marchas han crecido y eso no me molesta. La mayoría de lo que se pide es urgente y necesario. Las mujeres NO pueden vivir más con miedo a ser violentadas, golpeadas, denigradas, olvidadas. Ya no son tiempos para el odio y la violencia; sin embargo pareciera que estamos tan solo en su auge.
1. Ni machismo ni feminismo
En el día de la mujer, el feminismo debería de ser un extra y no el protagonista. La manera en que esta ideología y modo de vida se presenta en las calles, no es un movimiento que represente a todas las mujeres. Si el machismo oprime a un género, el feminismo lo hace también. Ni machos ni comadronas, una sociedad que no sabe trabajar con el otro “equipo”, se convierte en una matanza en La Corregidora por odio a los del otro lado. Ya no son tiempos para revolver la guerra con más guerra. No puedo marchar en un movimiento que niega la importancia del otro, que se transforma en animal salvaje como su agresor, que se convierte en opresor por haber sido oprimido.
2. ¿Queremos vida o queremos muerte?
Incoherencias podemos encontrar en todos lados mientras las busquemos. El mundo, tristemente, está repleto de máscaras que van en contra de quienes las portan. Sin embargo, el movimiento feminista se ha aferrado al discurso de “mi cuerpo mi decisión” o “saquen sus rosarios de nuestros úteros” o “aborto como salud pública”. Si te das cuenta, hay 3 cosas importantes aquí: afirmar que el cuerpo de la mujer es suyo y solo suyo sin importar que ésta esté embarazada con un cuerpo ajeno dentro de ella. He aquí la primera incoherencia. Se pide respeto a la vida de las mujeres, a su seguridad y su libertad; sin embargo ¿quién protege a las mujeres en el vientre? ¿en dónde quedó su seguridad y libertad? Un derecho no puede sobreponerse a otro, la vida se respeta y punto.
En segundo lugar, se habla de la iglesia como principal institución de patriarcado. Pero ojo, es la iglesia católica, no la protestante, no comunidades musulmanas, Hindús, Budistas, es la católica el “problema”. Por más que me encantaría hablar más a fondo de esto, quiero expresar mi preocupación a esta incoherencia. Mujeres como yo nos sentimos seguras en un templo y como miembros de una iglesia, si mis colegas mujeres no pueden respetar eso entonces, ¿de qué estamos hablando? De esta forma se me ocurre que el feminismo descontrolado es, aún, un movimiento incompleto. Ambigüedades como esta en su discurso son la principal razón por la que sus miembros estan mal informadas y por lo que, personas como yo, no podemos pertenecer. Así como con la vida, o se defiende o se está en contra; el respeto o se da o se quita, cualquier punto medio es hipócrita.
Por último, el famosísimo tema de la salud pública. Para esto se necesita un estudio más profundo y también familiaridad con el tema. Sin embargo, el aborto, por varias razones, no puede ser considerado como salud pública. Primero, porque es un procedimiento en el que una de las partes sale afectada. No porque se beneficie a la mujer, quiere decir que la práctica es buena o aceptable. El aborto termina con una vida de una forma feroz y salvaje, un Estado no puede velar por este derecho.
Después, si la intención es que sea regulado para prevenir muertes clandestinas ¿por qué no mejor se buscan alternativas que prevengan CUALQUIER tipo de muerte? Por último, es importante no ignorar que muchos casos de embarazos son por violación (una GRAN minoría lo son), en estos casos la cosa se pone más crítica, pero aquí te van dos razones por las que el aborto no es el camino: con el aborto legal por violación, no se está erradicando el verdadero problema, la violación, se está “corrigiendo” la consecuencia de un delito más grave que el de haber sido concebido. Y la segunda razón es porque el aborto no corrige el principal trauma sino que crea uno nuevo.
3. Mi ser mujer vale la pena porque los hombres existen
No es nuevo que me ponga a hablarles de cómo la mujer y el varón somos complementos perfectos, tampoco está de más decir que así como existen hombres “malos”, algunas mujeres no se libran de este adjetivo tan fácil. Dejando en claro entonces que nadie es perfecto, quiero decirte que la sociedad está basada en principios, ni inventados por la iglesia ni creados para tu molestia, sino principios que nos ayudan a funcionar. La feminidad y la masculinidad son (de entre muchos) expresiones de nuestra naturaleza. Digo entre muchos porque no es excluyente a la autenticidad de cada persona; sin embargo, es gravísimo que se les condene como repudiables. Un hombre al que se le educa con indiferencia a la mujer, no puede ver su verdadero valor. Una mujer que crece odiando al hombre, no puede ver su verdadero valor. Ni el machismo ni el feminismo ni los movimientos mayoritarios del 8M, promueven un trabajo en conjunto, una vida de cooperación, un “compartir el espacio”.
Algún día seremos adultos y voltearemos a ver en lo que nuestro México se ha convertido, para bien o para algo no tan bueno. Hoy, tengo 5 hermanos que crecen en un mundo que les pide a gritos, entre fuego y con palos, que cambien y dejen de ser caballeros, atentos y varoniles. Mis 2 hermanas crecen en un mundo que les dice que lo que son es impuesto, falso y necesita ser tirado a la basura. No quiero que mis hijos nazcan en un mundo que ya los odia por su información genética de ‘hombre’, o que mis hijas nazcan sin la oportunidad de ser princesas, madres o guerreras, porque todo eso será material de rechazo en un movimiento destructor. El feminismo no construye sobre piedra firme (y no quiero decir que yo sí lo haga), pues una causa que quiere acabar con la violencia no se puede basar en violencia, una causa que quiere acabar con el odio, no se puede basar en él. Ya no estamos para vivir en tiempos de guerra; sin embargo, hay aún egoísmo que nos lleva a ella.



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